sábado, 22 de marzo de 2014

Mi egoísmo.

¿Cuántas verdaderas oportunidades tenemos de ser felices en una vida en la que no escogimos vivir? ¿Alguna vez alguien además de mí se habrá preguntado que tan egoístas podemos ser al traer a una persona al mundo? Un mundo sin valores, sin ideales, un mundo lleno de ira, lleno de miedo.
La vida que hoy me toca vivir no es la vida que quisiera para alguien que saliera -literal- de mí.
¿Qué será más egoísta, traerlo al mundo o dejar en el aire la incógnita de ser madre?
No puedo estar segura de nada, ni siquiera me conozco completamente como para decir si estoy preparada o no para criar a alguien, porque las ganas que me llegan no se parecen a una realidad próxima.
Soy de esas jóvenes rudas que llora con el llanto de un recién nacido, aunque este sea por televisión, soy de esas que sólo esperan el momento para poder decir que algo es realmente suyo.
Quiero ser madre porque creo que va a ser la única forma de demostrarme y demostrarles que realmente sé amar.
Maníaco-depresiva me llamaron, y puede que lo sea, ¿tan egoísta es querer ser feliz a costa de una vida que podría sufrir la catástrofe de la vida en un mundo esquizofrénico?
Ojalá la respuesta fuera no.