lunes, 25 de mayo de 2015

Estoy cansada de que nadie entienda lo mucho que odio ser yo.
Me frustran las bromas sobre cómo debo ser, hablar, escribir o pensar;
me incitan a entrar en un remolino de cosas que quiero pero no puedo-podré ser.
Siempre que me encuentro conmigo me nefasteo de sólo verme,
soy tan algo falso, tan nada real.
Soy la puta de las mujeres, la buena onda de los hombres;
la amiga que peca de honestidad, la amante que odia los abrazos.
Tan cansada de las terapeadas, de la mentira del amor y
la etiqueta eventual en la que me veo enredada gracias a la sociedad.
Me odio tanto que las letras se me difuminan,
como no queriendo saberlo;
me odio tanto como cuando nunca,
como cuando siempre.

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